Gabriela Covelli reconstruyó ante Buenos Aires/12 nueve años de lucha tras perder a su hijo Nicolas Deanna por mala praxis. Detalló el proceso judicial y la transformación del reclamo en política sanitaria. “Si tu vida derramó tanto amor, que tu partida sirva para salvar a otros”, expresó como reflexión.
“Lo imposible solo tarda un poco más en llegar”, expresó Gabriela Covelli en diálogo con Buenos Aires/12 con cierta paz sobre la frase que la empujó durante casi nueve años de lucha y que tiene grabada en una de las macetas que tiene en su jardín. Luego de su aprobación en el Senado bonaerense, la Cámara de Diputados provincial aprobó por unanimidad la adhesión de la provincia de Buenos Aires a la Ley Nacional 27.797, Ley Nicolás. La nueva normativa obliga a hospitales, clínicas y prestadores, públicos y privados, a trabajar con protocolos, sistemas de control, auditorías y mecanismos de reporte de incidentes.
La votación incluyó a todos los bloques, mientras que el paso provincial llega un año después de la sanción nacional de septiembre de 2025 y suma otro capítulo a la lucha iniciada tras la muerte de su hijo Nicolás Deanna por mala praxis en 2017.
“Nicolás era el ser con más ganas de vivir que he conocido”, aseguró Covelli. Tenía 24 años, era martillero, tenía una inmobiliaria, nadaba, hablaba inglés, era timonel, había sido campeón de Joushitsu en el Mercosur y amaba perderse entre los médanos de su querida Villa Gesell. “Era el de las respuestas tranquilizadoras, de carcajadas explosivas, solidario y con grandes valores”, recordó y reconoció emocionada: “Para mí es el gran maestro de mi vida”.
El sábado 21 de octubre de 2017 Nicolás empezó con dolor de cabeza. Tomó ibuprofeno y el domingo seguía igual. Como el Hospital de Villa Gesell estaba lleno por la jornada electoral, su mamá Gabriela Covelli lo llevó a una farmacia para controlar la presión y la temperatura. Un médico conocido indicó diazepam con pridinol y atribuyó el cuadro a una contractura. También lo vio una masajista, pero el dolor aumentó y Nicolás comenzó a hablar “cansado”.
Por insistencia de su madre, el médico lo recibió esa noche en una clínica privada de Pinamar. Covelli relató que le administró diclofenac y diazepam por vía endovenosa, mantuvo el diagnóstico de contractura y consiguió un turno con un kinesiólogo para el lunes a las 9. Nicolás se desvaneció tras la medicación. “Algo dentro mío sabía que no estaba bien”, rememoró.
El lunes estaba peor. Cuando Covelli pidió estudios, el profesional, según su relato, le preguntó si era “la doctora Rímolo”. “Le contesté que era la mamá y que conocía a mi hijo”, detalló. Ese día el médico lo atendió tres veces y en dos oportunidades volvió a medicarlo por vía endovenosa. A las 23, Nicolás caminaba con dificultad y el dolor era insoportable. El diagnóstico pasó entonces a un “síndrome de Arnold Chiari”.
A la mañana siguiente apareció fiebre. Los análisis mostraron 20.000 glóbulos blancos, el exudado de fauces fue negativo y se hicieron una placa cervical y una tomografía. Covelli contó que, pese a esos resultados y a un episodio de vómitos, el médico sostuvo que se habían juntado “dos diagnósticos, contractura en la base del cráneo y angina”, le aplicó penicilina de 1,5 millón y lo envió a su casa.
Cerca de las 15, Nicolás levantó fiebre y presentó lo que su madre supo después que era un exoftalmo bilateral. Finalmente fue llevado al Hospital de Pinamar. “Cuando la médica de guardia vio a Nico, comenzó a gritar: ‘¿Qué hiciste? Este chico tiene un cartel rojo en la frente que dice meningitis’”, explicó Covelli. Nicolás ingresó en coma y con daño cerebral irreversible. En terapia intensiva le hicieron una punción y la familia recibió el diagnóstico de meningitis bacteriana.
Permaneció internado nueve días. Más de 100 personas, precisó su madre, pasaban diariamente por el hospital. “Jamás fue el paciente de la cama 5, siempre fue Nicolás”, dijo. Murió el 2 de noviembre. Durante la internación escuchaban “Un poco perdido”, de Tan Biónica.
Un extenso proceso judicial
Covelli no se quedó de brazos cruzados y convirtió el dolor de su pérdida irreparable en fuerzas para iniciar una investigación. El 14 de mayo de 2018 presentó la denuncia penal. Más de 20 profesionales de la salud declararon en el juicio. Allí supo, relató, que una radióloga había advertido que Nicolás podía tener meningitis, que un residente tampoco intervino y que un neurólogo consultado a las 8 de la mañana de aquel martes había indicado una derivación. También afirmó que el director del hospital, al autorizar la tomografía, preguntó si podía tratarse de un síndrome meníngeo.
Las pericias fueron varias, una de ellas realizada en el ámbito de la Corte Suprema de Justicia, y, según Covelli, coincidieron en que resultaba “imposible” que se hubiera hecho una revisión clínica completa sin advertir los síntomas. “Vio a mi hijo pero jamás lo atendió clínicamente”, sostuvo. La causa tramitó con la misma jueza que el caso Fernando Báez Sosa. Después de ocho años llegó una condena de tres años. Fiscalía y querella habían pedido dolo eventual. Casación confirmó la sentencia y ambas partes apelaron ante la Suprema Corte bonaerense. Covelli quiere agotar las instancias y llegar, si fuera necesario, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “No hay dinero en el mundo que pueda traerme a Nico”, explicó sobre su decisión de no iniciar un juicio por daños y perjuicios.
Abogada, aunque sin experiencia previa en derecho penal, Covelli se apoyó en su amigo Claudio Munafo y acudió al Colegio de Médicos. Invocó el Decreto Ley 5413/58 y, tras sus reclamos, se abrieron dos sumarios. “Comprendí entonces que si yo, que era abogada, no recibía ayuda, las víctimas eran revictimizadas”, relató.
Fue entonces cuando escribió sobre una foto de Nicolás: “Si tu vida derramó tanto amor, que tu partida sirva para salvar a otros”. Empezó a contactar a otras familias, organizó marchas silenciosas en Pinamar y creó la ONG “Por la Vida y la Salud, por vos, por mí y por todos”. En 2019, cuando la OMS estableció el 17 de septiembre como Día Mundial de la Seguridad del Paciente, logró la adhesión en su ciudad. Después hubo una concentración frente al Congreso.
El intendente de General Madariaga la acercó al entonces diputado Fabio Quetglas, quien trabajó un proyecto. Luego se sumó Mónica Macha y ambas iniciativas confluyeron. “Llamé a los casi 270 diputados y les pedía su voto. Me atendían por cansancio”, recordó. El proyecto obtuvo media sanción el 7 de diciembre de 2023. Covelli destacó además a Cecilia Moreau, Edith Terenzi y, durante la gestión anterior del Ministerio de Salud, a Teresita Iturburu y Claudio Ortiz, quienes permitieron que las familias fueran escuchadas como “la voz del paciente”. La sanción nacional llegó en 2025.
A lo largo de ese recorrido, Covelli también buscó respuestas concretas para otras familias antes de que ocurrieran daños. En ese camino tomó contacto con Nicolás Kreplak, ministro de Salud bonaerense, a quien le pidió una audiencia para solicitar su apoyo a la adhesión provincial de la Ley Nicolás. “Desde mi lucha personal he ayudado a muchas personas antes de que se provoque el daño. Una vez conseguí el celular de Nicolás y le pedí que me ayudara a operar a un chiquito. Me contestó y ayudó sin siquiera saber de mí. Así lo hice en otras oportunidades y siempre respondió”, recordó. Tiempo después pudo conocerlo personalmente. “Nos recibió con mate y prometió ayudar a que la Provincia adhiriera. Y también cumplió. Son de esos funcionarios a los que uno respeta. No quiero a las personas por sus banderas políticas, las quiero por su corazón”, expresó.
Qué dice e implica la Ley Nicolas
La Ley Nicolás busca construir un sistema sanitario seguro, digno y humano. Incluye historia clínica digital única, interoperable y encriptada; cultura justa para reportar fallas; certificación periódica de las condiciones físicas, cognitivas y de salud de los profesionales; registro de eventos centinela y adversos; protocolos, auditorías, límites de jornadas y controles sobre el ejercicio profesional. También contempla estadísticas estatales, uso del SISA, reporte de incidentes, asistencia humana y de calidad, acciones cada 17 de septiembre y formación universitaria en seguridad y humanización.
“Cambia, para bien, que la autoridad de aplicación sea el Ministerio de Salud”, planteó Covelli. La implementación será progresiva y la reglamentación nacional todavía está pendiente. La asociación entregó una propuesta elaborada con especialistas y aún faltan adhesiones de otras provincias. El Hospital El Cruce, el Sor María Ludovica y la Fundación Favaloro ya trabajaban voluntariamente en seguridad del paciente. “Ahora es obligatorio”, aseguró.
Según Covelli, los daños vinculados con la atención sanitaria provocan cinco muertes por minuto en el mundo y tres millones al año. Lo cierto es que, para ella, el cambio central no pasa sólo por sancionar, sino por registrar, corregir y aprender. “La ley por sí sola no puede cambiar todo. Todos tenemos que ser guardianes del cumplimiento de esta ley”.
Durante la sesión bonaerense, el diputado Fabián Luayza sostuvo que “esta ley nació a partir de la historia de Nicolás Deanna y del impulso de su mamá, Gabriela Covelli”. También planteó que, cuando ocurre una falla, el sistema debe “aprender de ella y evitar que vuelva a repetirse”. Luayza recordó la reunión previa con Covelli y Susana D’Agosto, abuela de Amparo, junto con Gustavo Cuervo, Viviana Romano y Lucía Iañez. Y cerró: “Seguramente Nicolás está muy orgulloso de su mamá”.
Covelli destacó que el acompañamiento de todos los bloques, tanto a nivel nacional como provincial, “nos da la esperanza de creer que podemos aún los argentinos pensar en el bienestar común y no en los intereses personales”. También eligió nombrar a Víctor Hugo Roger, jefe de terapia intensiva que atendió a Nicolás cuando ya no había posibilidad de revertir el cuadro. “Va en su nombre mi más profundo agradecimiento a los profesionales de la salud que entendieron que no siempre podés salvar a alguien, pero siempre podés darle tu amor”.
“Lo imposible solo tarda un poco más en llegar”

La frase también quedó asociada a una forma íntima de mantener presente a Nicolás. Covelli contó que en distintos momentos, y especialmente en cada aniversario de su hijo, planta un jazmín, arregla una maceta o suma una planta a su parque. “Cuando la leí dije: ‘Es así, va a ser así. Lo imposible solo tarda un poco más en llegar’, porque todos me decían que no, que estaba loca, que las causas de mala praxis no se ganan, que cómo iba a pretender cambiar un sistema de salud”, recordó. “Hace ocho, nueve años que lo único que hago es esta lucha desde todos los lugares posibles, desde estas gestiones hasta mi parque. Todo lo hago en base a Nicolás, yo vivo en base a Nicolás”. Muchas de esas macetas, explicó, también llevan grabadas frases de El Principito o de canciones de Chano.
Una publicación de Nicolás resume para Covelli ese recorrido. La escribió en Facebook el 20 de octubre de 2017, un día antes de comenzar con los síntomas. “Una muerte es una tragedia, 1 millón una estadística”, escribió. Allí cuestionó que algunas víctimas ocupen las tapas de los diarios y horas de televisión mientras otras quedan fuera de la memoria pública. “Hoy la justicia, el culpable, soy yo y vos, no busques más allá de lo que somos como sociedad”, cerró.
Y al cerrar, volvió a quienes la acompañaron durante estos años. “Es muy importante para mí decir que agradezco profundamente a mi familia el esfuerzo realizado, en especial a mi hijo Agustín -hoy tiene 30 años-, no se dan una ide de lo que sufrió y cómo me bancó. Y por supuesto a todas las familias de la ONG”.
FUENTE: Página 12



