Abbott: el pueblo que convirtió su almacén centenario en el primer hotel de su historia

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Abbott: el pueblo que convirtió su almacén centenario en el primer hotel de su historia

Un pequeño rincón de la provincia de Buenos Aires protagoniza uno de los rescates patrimoniales más emotivos de los últimos años: la transformación de un legendario almacén de ramos generales en un refugio boutique que invita a desconectarse del ruido urbano.

Abbott, es una pequeña localidad perteneciente al partido de Monte, viene ganando protagonismo en el boca en boca entre quienes buscan refugios rurales para pasar un fin de semana. Sus calles de tierra y su cadencia pausada tienen ahora un nuevo ancla de identidad: el Hotel Abbott, el único hospedaje del pueblo, con una propuesta que combina el rescate patrimonial, el confort contemporáneo y el sabor local. Antes de convertirse en destino turístico, sin embargo, Abbott supo construir su historia alrededor de una esquina icónica que concentraba la vida comunitaria entera.

Levantada en 1927, la imponente casona fue la vivienda y el motor de la familia Lo Sasso. Allí vivieron Rosa Morgante y sus hijos Luis y Armando Lo Sasso, pioneros fundamentales en los primeros años del pueblo. Durante décadas, ese espacio latió al ritmo del comercio rural: el lugar funcionó como el gran Almacén de Ramos Generales de la zona, donde en sus estanterías altas de madera se conseguía absolutamente todo lo necesario para la vida de campo, desde libros, perfumes y vajilla de bazar hasta artículos de armería. En uno de sus sectores, además, funcionaba la peluquería del pueblo, donde Armando desarrollaba las habilidades con las tijeras, y por sus sillones pasaron las cabezas, los debates y las anécdotas de generaciones de vecinos.

La transformación de ese edificio, cargado de historia, para transformarlo en el hotel corrió por cuenta de Maru Pechín, quien dejó atrás su carrera de maestra para convertirse en el alma del proyecto. «Esta esquina fue siempre el corazón del pueblo. El desafío era devolverle la vida respetando esa mística», dice Pechín, responsable de la reconversión. La premisa fue clara desde el inicio: se recuperaron los pisos de pinotea originales, se sanearon los techos altos y se restauraron las imponentes puertas y ventanales que solían abrirse a los primeros pobladores. Maru lo define como un logro colectivo y afectivo: «Siempre sentí que Abbott tenía un encanto especial. Lo que para quienes vivimos aquí es cotidiano —la tranquilidad, la cercanía entre vecinos, los espacios abiertos y el clima pausado— para muchas personas que viven en la ciudad es una experiencia diferente y valiosa.»

El hotel abrió en etapas. Lo primero en abrir sus puertas fue el restaurante, bautizado La Esquina en honor a su ubicación geográfica y sentimental en el pueblo, en diciembre de 2022. La cocina quedó en manos de Carolina Velázquez y Gabriela Pérez, quienes sostienen una carta de platos caseros y de estación que incluye pastas amasadas a mano, pastel de papas, canelones y guisos en temporada invernal. Dos años más tarde llegó el hospedaje: 11 habitaciones amplias y confortables con baño privado, diseñadas bajo una estética que dialoga entre lo rústico y lo moderno en una paleta de blancos y marrones que invitan al descanso. La experiencia se completa con una galería que enmarca el jardín y la piscina, bicicletas disponibles para recorrer el pueblo y un desayuno buffet casero incluido. Hotel Abbott no solo llegó para salvar una esquina histórica y ponerla en valor, sino para potenciar al pueblo como un destino turístico emergente.

 

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