GERVASIO DORNA Y FLORENTINO- 1813
UNA HISTORIA DE AMOR PERDIDO, GUERRA Y LIBERTAD.
Mucho antes de que el apellido Dorna quedara ligado para siempre a las tierras de la Guardia del Monte, su único hijo varón protagonizó una de las historias más trágicas y olvidadas de nuestra independencia.
Gervasio Dorna nació en Buenos Aires el 18 de junio de 1790, dentro de una familia respetada y acomodada, era hijo de Don Antonio Dorna y Acevedo, uno de los primeros grandes estancieros vinculados a la frontera sur bonaerense.
A diferencia de otros jóvenes de campaña, Gervasio prefería la vida elegante de la ciudad, el comercio y las tertulias antes que el barro de los campos. Tenía educación, prestigio y un futuro prácticamente asegurado.
También tenía un gran amor, estaba comprometido con María de los Remedios de Escalada, una adolescente perteneciente a una de las familias más importantes de Buenos Aires, todos daban por hecho el casamiento, pero en 1812 ocurrió algo que cambiaría para siempre la vida de aquel joven porteño.
Desde Europa acababa de llegar un joven militar llamado José de San Martín. La alta sociedad porteña quedó fascinada con aquel oficial serio, reservado y con experiencia en las guerras europeas, en una reunión organizada por los Escalada, sucedió lo inesperado: Remedios quedó profundamente impresionada por San Martín, el compromiso con Gervasio se rompió.
Meses después de ese mismo año, en Buenos Aires se celebra el casamiento entre San Martín y Remedios de Escalada, mientras el joven Dorna atravesaba la humillación silenciosa de haber sido desplazado por el hombre que luego se convertiría en el Libertador de América.
Fue entonces cuando tomó una decisión que cambiaría su destino, abandonó la comodidad de su vida porteña y marchó junto a Florentino, su esclavo, hacia el norte para incorporarse al ejército de Manuel Belgrano.
Pero hay un detalle extraordinario que muy pocos conocen.
Antes de morir su madre Doña Pascuala Sosa, había dejado escrito en su testamento una cláusula extraña respecto a Florentino, el mulato esclavo que acompañaba a Gervasio.
El documento decía: “Si falleciera Gervasio, el mulato quedará libre de toda esclavitud.”
Sin saberlo, aquella mujer había escrito una profecía.
Gervasio partió hacia el Alto Perú acompañado únicamente por Florentino. Belgrano lo nombró ayudante de campo y ambos siguieron al ejército patriota durante una de las etapas más duras de la guerra.
Llegaron a Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813 las tropas patriotas fueron derrotadas en medio del caos y la retirada, sin embargo, Gervasio Dorna con apenas 23 años, decidió no abandonar el combate y murió luchando.

En medio del humo, el frío y la derrota, fue Florentino quien permaneció junto a él, el esclavo cavó la tumba de su joven amo en la tierra del Alto Perú y lo enterró solo, lejos de Buenos Aires, lejos de su familia. Pero mientras enterraba a Gervasio, Florentino enterraba también sus propias cadenas, porque con la muerte de su amo se cumplía finalmente la cláusula escrita años antes por su madre Doña Pascuala: el mulato quedaba libre de toda esclavitud. Pero aun en libertad Florentino eligió seguir luchando junto al ejército de Belgrano.
Y, sin embargo, en aquella tumba perdida de Vilcapugio ambas historias quedaron unidas para siempre.
Meses después, Manuel Belgrano enviaría el parte oficial informando que Gervasio Dorna había muerto “cumpliendo con sus deberes con todo honor”.
La tragedia golpeó profundamente a la familia. Su padre Antonio Dorna terminó refugiándose en su estancia El Rosario, a orillas de la laguna Las Perdices en la Guardia del Monte, donde los Dorna echarían raíces definitivas a través de su hija Sandalia, quien contrajo matrimonio con José Zenón Videla y dio origen al apellido de los Zenón Videla Dorna.
Gervasio no dejó hijos, pero dejó algo quizás más importante, una historia capaz de resumir las contradicciones y grandezas de aquellos años de revolución. Porque mientras un joven de la élite porteña entregaba su vida en los campos del Alto Perú, un hombre que había nacido esclavo descubría el verdadero significado de la libertad y lo más extraordinario fue que Florentino, una vez libre no eligió abandonar la guerra ni escapar de ella, decidió continuar peleando por la independencia de una patria que recién comenzaba a nacer.
Tal vez porque nadie comprende mejor el valor de la soberanía y de la libertad que aquel que alguna vez vivió sin ellas.


